LinEx no se cierra!

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Como si a los padres y madres de los alumnos de Extremadura nos faltaran preocupaciones, la Administración regional añade una más con la deriva tecnológica en educación, que a la larga puede acabar tocando los, ya de por sí sacrificados, bolsillos de las familias, y sin habernos consultado primero.

En una época en la que ya estamos pensando cuánto nos va a costar el curso próximo en libros, materiales, ropa y demás equipo, la Junta de Extremadura saca un concurso para la renovación del parque informático educativo de bastante más de 30 millones de euros. Algo que puede parecer positivo en un principio pero que, si se entra en los detalles del concurso, supone un cambio completo de modelo, abandonando la tecnología que se venía utilizando hasta ahora, abierta y gratuita para alumnos, profesores y padres, por otra cerrada donde la Administración no tiene control alguno.

Se trata de un paso atrás en toda regla que debería ponernos en alerta, por motivos económicos, pero también por el impacto que actuaciones de este tipo tienen en la disminución de la calidad de la educación que reciben nuestros hijos.

Desde el punto de vista económico, el sistema educativo público tiene tantas necesidades básicas en la situación de crisis en la que nos encontramos, baste con citar los comedores escolares, transporte o ayudas para materiales, que resulta escandaloso que la administración educativa pretenda destinar varios millones de euros para adquirir tecnología de la que ya dispone y que además estaba siendo desarrollada por personal de la propia Administración, sin que ello supusiera un coste mayor para nosotros como contribuyentes. Es decir, ahora se quiere pagar varios millones de euros por algo que ya se tiene en funcionamiento. Varios millones de euros que pueden destinarse a mejorar otros aspectos del sistema educativo, para adquirir tecnología que no está adaptada a las características de nuestra Educación. Un derroche y un paso atrás en toda regla.

La economía familiar tampoco está para muchas alegrías y lo que nos faltaba es tener que preocuparnos por el mantenimiento de un ordenador particular para que en él se puedan instalar las licencias que, ahora, proporcionaría la Administración pero que en el futuro no se sabe quién las va a costear. Aunque viendo la deriva del modelo bien podemos temer que en unos años seamos las familias las que tengamos que cargar con los gastos de ordenador y programas informáticos.

La pérdida de la calidad educativa vendrá dada por el tipo de sistema de tecnologías que se quiere imponer desde la Junta de Extremadura. El sistema vigente en la actualidad está basado en lo que se denomina como software libre, con un conjunto de programas informáticos adaptados a las necesidades específicas del sistema educativo extremeño, donde los profesores pueden decidir las aplicaciones informáticas que van a incluir en sus materias, pueden solicitar determinadas funcionalidades al sistema y, sobre todo, saben que es su propia Administración la que está detrás del desarrollo de la tecnología y, por lo tanto, saben a quien tiene que acudir para que la herramienta se adapte a su trabajo, algo que no ocurrirá de cambiar a un modelo tecnológico cerrado y prefabricado.

Desde la perspectiva del alumno, el modelo de software libre además cumple con una de las premisas fundamentales de la docencia, la de “aprender haciendo” o la del aprendizaje basado en la experiencia. En este caso el software libre proporciona el acceso a toda su tecnología para que cualquier alumno pueda profundizar en ella todo lo que quiera, de forma que actualmente no está siendo raro el caso de alumnos que han optado por carreras informáticas porque en su centro educativo pudieron “tocar” las entrañas de la informática por primera vez. Por el contrario, el nuevo modelo que pretende introducir el Gobierno de Extremadura, es cerrado, es decir, “se mira pero no se toca”, compuesto por paquetes de tecnología distribuidos en masa a los que ni alumnos ni profesores pueden acceder más allá del uso genérico que proporcionen.

En las aulas, LinEx, y el software libre en general, es una invitación a tocar, a experimentar, a cambiar y a crear que a los alumnos y profesores no les pasa desapercibida. La tecnología cerrada, por su parte, sólo fomenta una actitud de consumo, mínima interacción y sin posibilidad de formar el espíritu crítico tan necesario en las primeras etapas de la educación. ¿Qué tipo de educación pública es la queremos?

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